lunes, agosto 15, 2005

La letra chiquita


Otra vez estaba enfermo, a los 232 años era comprensible. Seguramente se había agarrado algún virus durante la última semana. Siempre había un nuevo virus dando vueltas; los excluídos de la consola se las ingeniaban para regarlo cuando podían. Cuando salió el scanner por el oído derecho (porque había entrado por el izquierdo) el resultado fue concluyente: no había un antivirus para esa forma que habitaba ahora en su cuerpo. Como todavía le quedaban algunas clonologías cerró fuerte los ojos y se comunicó con el hospital. Al cabo de unos segundos lo conectaron con el centro y luego de las preguntas de rigor (como el nivel de masa muscular al momento actual) le fijaron un turno para el siguiente año, el 3 de febrero del 2045.
Al llegar la fecha todo estaba preparado. Como antes vió al otro él tirado inerte en la camilla derecha, que cansador, pensó, aguantar esto una vez más. Por lo menos esta vez tardaron menos en armar el repuesto. El repuesto era igualito a él pero totalmente analfabeto y torpe como un niño. Los conectaron con la interfaz de transmisión y luego de un profundo sueño plagado de imágenes el otro se levantó. Miró al cuerpo que yacía al lado, firmó la orden de desecho del enfermo, recordó algunas cosas para probar el éxito del proceso, agradeció al jefe de clonología y se fue. La mayoría de las operaciones eran ambulatorias porque era muy costoso mantener cuerpos enfermos. Nuevamente se sentía vital y sano.
Al tiempo decidió poner un poco de orden en su casa para hacer lugar para su nueva colección dataconomía. Arrojó al fuego un viejo cuaderno con notas e ideas que le parecieron estúpidas y unos albumes de fotos (en papel) de unos viejitos sonriendo.
La letra chiquita decía que en estas intervenciones se perdían algunos elementos básicos, pero no le preocupó, nadie se preocupa por la letra chiquita.

4 Comments:

At 16/8/05 6:44 a. m., Blogger BärBara said...

Me encantan tus historias. De ahora en adelante prometo leer la letra pequeña de todo lo que firme...no quiero que me priven de mis recuerdos, al in y al cabo es lo único que es mío...sólo mío.

 
At 16/8/05 9:58 a. m., Blogger V. Onoff said...

Excelente, Juan, un placer leerte.

 
At 16/8/05 2:05 p. m., Blogger Pablo said...

Me gusto mucho. Pero por estos lugares leer la letra chiquita es lo que mas se hace. Sino aca te terminan arruinando. Los tipos ponen cualquier cosa ahi. Son re peligroso

 
At 16/8/05 11:59 p. m., Anonymous Anónimo said...

Quien dijo que la letra chiquita no tiene su fortuna? Acaso el olvido de nuestras sombras, o el recuerdo de nuestra propia cara no es el que nos acompaña en los deseos muchos de nuestros grises días? Aunque es verdad que uno nunca se podría olvidar de semejante letra! Quizás por temor o quizas por verguenza, pero son siempre las que quedan sentadas al fondo de la conciencia. No nos engañemos, el Sr. Mateluna tiene un punto importante aqui: por que olvidarnos de lo más chiquito, o no es el dìa a dìa el que forma nuestra vida?.

 

Publicar un comentario

<< Home